Sí, es verdad, hay muchas opciones, pero no para todos. Algunos tienen un espectro más limitado de alternativas. La cuestión radica, una vez más, en entenderse. Y ese entenderse abarca, también, el contexto socio-económico en el que uno está inserto que, por ejemplo, es uno de los factores que nos limita las elecciones. No van a ser iguales las posibilidades para alguien que no tiene satisfecha las necesidades básicas que para alguien que tiene la panza llena. Es clave, creo, hacerse cargo del lugar en el que estamos, dentro del entramado social y cultural.
Y también del lugar en el que estamos dentro de nuestro microcosmos existencial, porque las realidades de nuestro pequeño contexto, y esto incluye nuestros vínculos familiares y nuestra personalidad, también nos condicionan.
Y hablando de existencia, me parece que es hora de que entendamos algo: la vida no tiene demasiado sentido más allá del que podamos darle nosotros. Nuestro TAO es más o menos así; nacemos, vivimos y morimos. Si no disfrutamos, si no fuimos felices, ¿qué sentido tuvo? Y luego de haber hecho el discurso existencialista, me paso a la vereda de enfrente (o del costado, como ustedes prefieran): quizás sí haya un sentido críptico, un sentido más allá, algo que nos guía, un destino, uno origen, un dios, un devenir. Creer (en lo que sea, y esto va desde las religiones hasta el psicoanálisis, pasando por los ovnis y el amor) facilita muchas veces las cosas para poder actuar sin culpa o, para quitarse de encima el malestar que sentimos cuando tomamos una opción para dejar de lado todas las otras (¿realmente hay tantas?). Creo que poco importa dónde nos paremos para justificar nuestros haceres y decires, porque al fin y al cabo el punto es ser feliz, o al menos así lo creo yo. Podemos buscar miles de excusas, razones y justificaciones, pero al fin y al cabo se trata de ser feliz desde donde estamos y como somos. Una vez tomada la decisión interna, el resto se va (o lo vamos) resolviendo. Pero empecemos por no engañarnos acerca de nuestra naturaleza, y con esto me refiero a lo innato y lo adquirido. Porque ¿saben algo? Los por qué y las explicaciones me encantan, me gustan, alimentan mi espíritu curioso pero al final del día, sólo importa saber quien es uno y cuando nos cuestionamos (y esto viene acompañado generalmente por el juicio de valor) mucho, nos confundimos y nos perdemos.